Los más sacrificados serán los mismos de
siempre: los asalariados de ingresos medios y altos.
La semana pasada me referí a los impactos
que tendrá la reforma tributaria presentada por el Gobierno al Congreso, sobre
las empresas y sus socios, y señalé cómo la nueva tasa de tributación, que
fluctuará entre 62 y 104 por ciento, es escandalosa y confiscatoria. Todo ello
como resultado de sumar los gravámenes de renta, ICA, 4 × 1.000, ganancia
ocasional, dividendos y patrimonio. Observo que gremios y empresas empiezan a
reaccionar con argumentos, ojalá lo hagan también con propuestas, atendiendo la
invitación del ministro Ocampo.
Hoy me refiero a lo que les espera a las
personas naturales. Que, como siempre ocurre, parecen no tener voz que las
defienda. Como la reforma recaerá sobre personas con ingresos superiores a 10
millones de pesos, es forzoso concluir que los más sacrificados serán los
mismos de siempre, o sea, los asalariados de ingresos medios y altos que
siempre llevan la peor parte.
A las personas naturales les aumentará la
tarifa de la ganancia ocasional del 10 por ciento actual a una tasa progresiva
que puede llegar hasta el 39 por ciento. Lo mismo ocurrirá con el impuesto a
los dividendos, del 10 hasta el 39 por ciento. Aunque la tarifa de renta no
aumenta, el impuesto sí lo hará por la reducción muy importante o eliminación
de los beneficios y rentas exentas.
Para comenzar, se reduce la renta exenta de
$ 109’451.000 a $ 30’023.000. Dicha renta exenta lo que reconoce son los costos
y gastos en los que incurre una persona natural que obtiene renta de trabajo y
que la reforma reduce en un 80 por ciento. Esa renta exenta debería mantenerse.
En cuanto al cálculo del impuesto de renta
de las personas naturales, la acumulación de todas las rentas líquidas, entre
las que se encuentran laborales, no laborales, de capital, pensiones,
dividendos y participaciones y ganancias ocasionales para determinar la tarifa
aplicable, resulta muy gravosa para el contribuyente porque todos los ingresos
pueden terminar gravados al 39 por ciento, lo más cercano a una expropiación
indirecta vía impuestos.
Para personas con ingresos mensuales de
entre 10 millones y 50 millones, los incrementos oscilan entre un 7,5 y un 67
%. Para algunos, el incremento del impuesto implicará destinar un mes completo
de su trabajo al pago del mayor impuesto generado por la reforma. No tiene
justificación que al tiempo que se limitan los beneficios tributarios de la
generalidad de los trabajadores, para algunos sectores se mantengan las
exenciones vigentes sin limitación alguna.
El proyecto, en la práctica, entra a gravar
por primera vez las pensiones. En cuanto a la modificación de la renta exenta
para pensionados, pasará de $ 456’048.000 a $ 68’027.160. Esto quiere decir que
se gravarán pensiones superiores a $ 9’500.000. En este punto cabe la discusión
acerca de si las pensiones deben gravarse durante su acumulación o durante su
disfrute. El proyecto grava el disfrute, cuando la persona ya no tiene
capacidad de generar más ingresos. Esto debería revisarse.
Es entendible que los pensionados con más
de 10 salarios mínimos de ingreso aporten al fisco con una tributación similar
a la que se aplica a los asalariados, pero hay que garantizar que si los
aportes voluntarios a los fondos de pensiones no gozarán de beneficio
tributario, su devolución vía el pago de una pensión no se grave, pues de lo
contrario se generaría un efecto de doble tributación.
Llamo la atención sobre el gravamen a la ganancia ocasional que propone el
proyecto, y que puede llegar hasta el 39 por ciento. Este impuesto va a limitar
el comercio de viviendas usadas y puede estimular la subfacturación de las
transacciones. Debería establecerse una norma que consagre que siempre que las
utilidades obtenidas en la venta de la vivienda se utilicen en la compra de una
nueva, no se causará el respectivo impuesto, como lo hacen otras legislaciones
del mundo.
Pero tal vez el peor de todos los efectos
sobre las personas naturales sea el que tiene que ver con el freno al crecimiento
económico del país, que de darse implicará un aumento del desempleo y, por
ende, la imposibilidad de progreso para muchas familias. Con crecimiento
económico será posible compartir la riqueza, al paso que sin este crecimiento
estaremos abocados a repartir pobreza y frustración.
Esta semana enviaron mensaje de urgencia al Congreso. Me temo que no habrá
mucho espacio para la deliberación.
Tomado de: https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/german-vargas-lleras/columna-de-german-vargas-lleras-y-las-personas-naturales-que-696225
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