El Gobierno debe impartir instrucciones perentorias para evitar que estas conductas se propaguen.
Por: Germán Vargas Lleras
El 23 de agosto 700 familias invadieron el predio
El Guácimo, en jurisdicción de Neiva. Los invasores han dicho que no se retiran
hasta que les den vivienda digna. Y como pasaron 48 horas desde la toma sin que
la Policía inexplicablemente hubiera desalojado, lo que viene ahora es la mesa
de diálogo con alcalde a bordo.
En Lorica, 1.300 personas se tomaron la finca del
Instituto Técnico Agrícola. Talaron los árboles, montaron cambuches y empezaron
a delinear las vías de la futura urbanización. Por supuesto, paralizaron todas
las actividades del Instituto. Marco Palau dice: “Pedimos tierras, y estas que
ocupamos nos parece perdieron su vocación agrícola”.
En La Jagua, Copey, La Gloria, Tamalameque, Astrea,
San Martín y en Chimichagua, en el Cesar, se produjeron invasiones en 14
predios. Todos están pendientes de que se programen fechas para dar
cumplimiento a las órdenes de desalojo. Ya veremos qué pasa.
Y en Valledupar, en Patillal, se tomaron 12 hectáreas
con el argumento de que necesitan construir sus viviendas. Rodolfo Mejía,
representante, dice: “Vimos esta oportunidad de coger un lotecito”.
Lo más grave está ocurriendo en el norte del Cauca.
Allí se han afectado 71 predios en extensión superior a las 5.000 hectáreas, lo
que ya ha ocasionado pérdidas por más de 40.000 millones de pesos. En Corinto,
invasores encapuchados argumentan que las poblaciones han crecido pero la
tierra no, y se enfrentan a trabajadores cañeros que intentan defender sus puestos
de trabajo.
Cientos de casos se registran en Riohacha; en Santa
Marta en lote destinado a la construcción de un colegio; en Atlántico, en Barú,
Bayunca y Playa Blanca en Bolívar; en Dagua, en el Valle; en Pereira,
Manizales, Popayán, Montería y Soacha, para citar solo algunos. En todos, los
afectados y las alcaldías han manifestado no contar con el respaldo de la
Policía para intervenir oportunamente dentro de las 48 horas. Es también el
caso de Bogotá, donde ya llegamos a 2.187 ocupaciones de esta naturaleza. Y
nadie sabe en qué van las 630 denuncias interpuestas en la Fiscalía por
invasión de tierras y predios.
El art. 81 del Código de Policía, referido a la
‘Acción preventiva por perturbación’, que indica que la policía impedirá la
perturbación o expulsará a los responsables dentro de las 48 horas siguientes a
la ocupación, se volvió letra muerta, así como el art. 79, que establece la
posibilidad de instaurar querella ante el inspector de policía, quien debe
ordenar el desalojo y ejecutarlo dentro de las 24 horas siguientes a la
ocupación.
El art. 263 del Código Penal establece penas de
entre 48 y 90 meses de prisión para el delito de perturbación. El propietario
también puede iniciar la acción reivindicatoria mediante procedimiento civil.
Como se ve, no es que no haya normas y procedimientos claros en el país. El
problema es que nadie las está cumpliendo. Tampoco se da curso a las querellas
y no queda más camino que las acciones penales, que tampoco se investigan. ¿Hay
alguien multado o siquiera detenido por incurrir en estos delitos? Me temo que
no. Aquí, paradójicamente, a los que se protege es a los invasores, para
quienes las autoridades han habilitado toda suerte de mecanismos de diálogo y
concertación.
Es muy grave que estos hechos contra la propiedad
privada, y también la pública, no tengan consecuencias porque el mal ejemplo se
riega como pólvora. Los casos se están multiplicando en todo el territorio y es
natural que así sea, pues la gente percibe que dejaron de regir las leyes y la
autoridad no interviene y en todos los casos la solución es la concertación
mediante diálogos estériles e interminables. Me temo que no falta mucho para
que empiecen a tomarse viviendas, apartamentos, locales y oficinas en las
ciudades. ¿Por qué no? Una vía moderna de expropiación.
El Gobierno debe impartir instrucciones perentorias
a las autoridades para evitar que estas conductas se propaguen y que cada uno o
grupos ilegales asuman la defensa de los bienes por la fuerza, fenómeno que ya
empieza a observarse. Porque en este como en muchos otros frentes no puede
haber mensajes equívocos. Si en la campaña electoral, aun sin quererlo, se
pudieron animar estas conductas, es hora de que el Gobierno actúe con toda
contundencia para disipar cualquier duda que lo comprometa y, como es su deber,
hacer cumplir la ley.
Tomado
de: https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/german-vargas-lleras/columna-de-german-vargas-lleras-a-la-brava-701507
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