Hay una diferencia sustancial. Aunque deberían suprimir ese tipo de encargos presidenciales, lo cierto es que María Clemencia Rodríguez de Santos y María Juliana Ruiz de Duque viajaron en Misiones Especiales para realizar gestiones relacionadas con su labor social en Colombia. Verónica Alcocer de Petro, sin embargo, realizó una gira diplomática en calidad de representante del presidente y de Colombia en dos funerales de Estado, aunque no ocupa puesto que lo justifique y carece de experiencia internacional.
María Clemencia salió diez veces y visitó ocho países (en Londres se
quedó ocho días y 12 en Madrid) y María Juliana lo hizo en 13 ocasiones, casi
todas a Nueva York, con estancias de tres días. Verónica voló a tres
continentes en dos semanas.
El resultado de sus salidas fue pobre porque nada diferente cabía
esperar cuando su presencia era innecesaria y en campaña su esposo proclamaba
que el Pacto Histórico enterraría las viejas y rancias costumbres políticas.
En Londres la vimos firmando el libro de condolencias de la corona y
saludó al canciller del Ducado de Lancaster. Tal ducado se limita a gestionar
parte del inmenso patrimonio real y designa a un parlamentario como canciller
para atender visitantes de menor rango.
En Tokio, la foto con su par, la primera dama Yuko Kishida, fue lo único
que reseñaron. No hubo encuentro con nadie del Gobierno de Fumio Kishida porque
a la esposa de un presidente extranjero la recibe la esposa del presidente
anfitrión. Al ver el llamativo modelo de luto riguroso que lucía Verónica en la
cita –minifalda, manga sisa y hombreras anchas– me asalta la duda de si en
realidad viajó al sepelio para fomentar el diseño colombiano.
De vuelta a Casa Nariño, celebraría su aporte al despilfarro y al
fomento de la dedocracia en el Gobierno que presume de meritocracia y
austeridad en el gasto.
Por lo que recoge su hoja de vida, Eva Ferrer es experta en marketing
político. Y por lo que conocemos de la pasada campaña, es íntima de Verónica.
Dos méritos suficientes para encargarle una de las asesorías que pensaban
recortar en Casa Nariño para demostrar que Duque malgastaba y no practicaba
concursos de mérito.La española Ferrer, recién nacionalizada colombiana, es la
nueva consejera presidencial para la Infancia, a pesar de su lógico
desconocimiento de la compleja problemática de los niños colombianos.
Antes de su caprichosa designación, el Gobierno Petro ya había mostrado
el nulo interés por la niñez al poner al frente del ICBF a otra amiga de la esposa
del presidente. ¿El mayor aporte de Concepción Baracaldo a la infancia?:
ignorar la protesta de un grupo de padres de Chía cuando pusieron un prostíbulo
al lado de un colegio. Entonces era jefe de Planeación.
Sin olvidar que Cielo Rusinque, cabeza del Departamento de Prosperidad
Social, también entró en el círculo palaciego de la primera dama, lo que le
confiere mayor apalancamiento en el cargo.
Verónica Alcocer sigue atesorando poder y sería un error minusvalorar su
capacidad para coronar algún día sus anhelos. Inteligente, hábil, ambiciosa,
decidida, sabe perfectamente hacia dónde dirige sus pasos. Cuenta con
burocracia propia, y si un jovencito como el hijo menor del presidente Santos
tuvo su cuota de influencia en Casa de Nariño cuando su papi gobernaba, qué
decir de la sucreña, que ya manda casi más que Francia. Sigo pensando que se
sueña con el bastón de mando de su marido.
Sabe, además, que al petrismo lo protege un grueso teflón mediático que
convierten las críticas en flor de un día. Toda incoherencia, toda embarrada,
se la terminan perdonando.
De otra manera, no se explicarían los desvergonzados trinos del acosador
Daniel Mendoza y de sus potentes protectores, Iván Cepeda y Gustavo Bolívar. El
tipejo lloriqueó vía Twitter porque dizque pasa necesidades al no regalarle un
puesto después de lo mucho que contribuyó a la causa. Enseguida respondió la
pareja de los senadores que prometía aniquilar la burocracia corrupta y
politiquera.
“Apreciado Daniel, en lo que de mí dependa trataré de ayudarte y de
hacer que tu valioso aporte a nuestra lucha y tu trabajo sean reconocidos”,
escribió Cepeda compungido. “Daniel Mendoza expuso su vida por este proyecto.
Tuvo que exiliarse, con todo el dolor que implica el desarraigo, pasa penurias
en Europa y corre riesgo si regresa. Lo menos que podríamos hacer por él, lo
pido respetuosamente, si se puede, es escucharlo”, clamó Bolívar con el corazón
herido.
Le queda fácil al ministro Leyva cumplirles. Aunque su jefe juró que
nada de políticos en las embajadas, ya puso aliados, amigos y compañeros de
partido a la cabeza de Argentina, España, Washington, Nicaragua, Venezuela y
China, y la cuenta sigue. Uno más de lo que sea, qué importa. Entretanto, 60
embajadores de carrera ocupan cargos inferiores a su categoría.
NOTA: A la Procuraduría: en la Unidad de Restitución de Tierras, Yule
Zape pretende nombrar de asesora a Jhenifer Mojica, sancionada por dicha unidad
a diez años de inhabilidad por falsificar documentos para posesionarse en su
día como subgerente de Tierras del Incoder.
Tomado de: https://www.msn.com/es-co/noticias/opinion/el-poder-de-ver%C3%B3nica-y-la-veronicracia/ar-AA12sYo3?ocid=msedgntp&cvid=b4e233ee8fe248c7b03a89dcec4c4fcd
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