Instrucción militar de paracaidistas en los helicópteros Mi - 17 de la Aviación del Ejército de Colombia en la Base Aérea de Tolemaida.© OSCAR FERNANDO ARIZA
Fuerza
Pública desmoralizada, desfinanciada y paralizada.
El
exsenador de la República Juan Manuel Galán advierte sobre problemas que
tendrían Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Policía al finalizar el gobierno
Petro. También, se refiere a algunas consecuencias de la política de ‘paz
total’.
Entregará
en 2026 una Fuerza Pública (Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Policía)
desmoralizada, desfinanciada e inmovilizada. La consecuencia de este deliberado
debilitamiento ha sido una pérdida de territorio del Estado que desde hace 25
años no se sentía en Colombia. Un vacío territorial que hoy se disputan el
‘clan del Golfo’, el Eln, las disidencias de las Farc y demás organizaciones
mafiosas, amparadas en la ‘paz total’ y en el régimen dictatorial de Maduro,
que les ofrece santuario más allá de nuestra frontera.
La
recuperación de la moral, el fortalecimiento presupuestal, el restablecimiento
pleno de sus capacidades de movilidad y proyección de fuerza son prioridad en
una estrategia cuyo objetivo inmediato debe ser la recuperación territorial. En
una segunda fase, el objetivo estratégico será la estabilización y
consolidación, es decir, una presencia estatal integral e interagencial
permanente, con un componente prioritario de infraestructura y oferta de
política social.
La
gran lección aprendida del proceso de La Habana es que, sin una presencia
consolidada del Estado social de derecho en todo el territorio, el vacío que
deja las Farc y que no ocupa el Estado entra a ser violentamente disputado por
las organizaciones criminales.
Durante
el actual gobierno, se ha debilitado la moral de la Fuerza Pública. La
percepción de corrupción, los bajos sueldos y la falta de recursos han afectado
negativamente la moral de los oficiales y soldados. Además, hubo una
disminución del reclutamiento y la retención de personal capacitado, lo que ha
resultado en una Fuerza Pública más reducida y menos eficiente.
El
presupuesto destinado a la defensa y seguridad ha enfrentado recortes severos.
Esto ha impactado negativamente la capacidad de la Fuerza Pública para mantener
sus operaciones diarias, proyectar fuerza y combatir en los corredores
logísticos vitales para las rentas criminales. Los recortes presupuestales
afectaron la adquisición de nuevas tecnologías, la capacitación de personal y
el mantenimiento de equipo esencial, como los helicópteros.
La
complejidad de la topografía del país y la falta de infraestructura vial
convirtieron los helicópteros militares en el activo estratégico más importante
de las Fuerzas Militares. En situaciones hostiles, permiten transportar tropas,
realizar misiones de búsqueda, recuperación y rescate en combate, asaltos
aéreos, interdicción y operaciones especiales. En situaciones no hostiles
permiten misiones de extinción de incendios, evacuación de heridos y atención a
desastres humanitarios.
Esas
razones han justificado, desde principios de los 90, el crecimiento
significativo, por ejemplo, de la flota de helicópteros del Ejército. En parte
por el apoyo de Estados Unidos, pero también por el esfuerzo realizado por
varios gobiernos de Colombia que entendieron la necesidad de otorgarle
movilidad ágil y segura a la Fuerza Pública en todo el territorio nacional.
Los
medios de comunicación visibilizaron el deterioro de la flota de helicópteros
rusos MI-17 que transportan tropas y carga. Sin embargo, la Fuerza Pública
cuenta con una importante flota de helicópteros tipo UH-60 o Black Hawk de
fabricación estadounidense, la cual ha perdido capacidad de operación al punto
de que hoy, en el Ejército, de 53 aeronaves de ese tipo están en línea de vuelo
un escaso 35 por ciento, apenas 18 helicópteros.
Los
retos principales se refieren a que hoy no hay visibilidad del presupuesto ni
el inventario que requiere la flota para operar. Los escasos helicópteros que
se encuentran disponibles están siendo sobrevolados. En parte porque no hay
suficientes aeronaves en línea de vuelo, pero también por el impacto que ha
tenido la guerra de Rusia contra Ucrania en la inoperancia de la flota de
helicópteros MI-17, hoy existe una suspensión en su cadena de suministro.
El
sobrevuelo de la flota de helicópteros afecta la programación de las horas de
vuelo y acelera el ritmo de las inspecciones de mantenimiento programado. El
Ejército va a enfrentar una cantidad insostenible de inspecciones de
mantenimiento que a muy corto plazo limitará aún más la disponibilidad
operacional de la flota.
Las
inspecciones de mantenimiento programado duran en general meses, y el Ejército
afrontará dos problemas cuando llegue el acumulado de inspecciones represadas.
Primero,
la falta de personal (un equipo de mantenimiento tiene mínimo 6 personas). El
Ejército ha subcontratado el mantenimiento por falta de personal propio. Los
equipos contratados no darán abasto para ejecutar el número de inspecciones que
se vienen en cascada.
Segundo,
en la ejecución de las inspecciones programadas salen imprevistos que, al no
tener un inventario adecuado, retrasan el flujo de la inspección y dejan los
helicópteros en tierra meses mientras se consiguen recursos para iniciar los
procesos de contratación de los faltantes.
La
recuperación de la movilidad helitransportada del Ejército va a requerir un
esfuerzo sostenido de varios años, teniendo en cuenta que los conflictos
internacionales han estresado las cadenas de suministro aeronáutico. Si no
comenzamos hoy, en el 2026 no se contará con esta capacidad en el país y
recobrarla tomará varios años. Esto tendrá previsiblemente una incidencia
directa en la posibilidad de ejecutar un plan de recuperación territorial y
requerirá acciones que articulen el Gobierno, la embajada y la industria.
La
política de ‘paz total’ propuesta por este gobierno ha tenido consecuencias
significativas en la presencia territorial de la Fuerza Pública. La retirada
parcial o total de las fuerzas de ciertas áreas ha permitido el avance de
estructuras criminales como el ‘clan del Golfo, el Eln y las disidencias de las
Farc, entre otras estructuras mafiosas.
La política de ‘paz total’ propuesta por este gobierno ha
tenido consecuencias significativas en la presencia territorial de la Fuerza
Pública
La
retirada militar y la falta de presencia estatal en ciertas regiones han
permitido que estos grupos criminales expandan su control territorial,
afectando la seguridad y el orden público. La pérdida de territorio no solo
implica una disminución de la capacidad de control del Estado, sino también un
aumento de la criminalidad y la violencia en las áreas afectadas.
Es
hora de poner en práctica un proceso de estabilización que permita neutralizar
factores de inestabilidad para lograr control institucional del territorio
mediante una acción unificada de todos los elementos del Estado. Esto es,
producir unos índices de gobernabilidad que permitan la convergencia de niveles
de vida urbana y rural que coadyuven al desarrollo regional y al bienestar de
todos los colombianos.
Este
esfuerzo debe concentrarse en los 160 municipios priorizados, pues son los más
afectados por los factores de inestabilidad que todavía subsisten en el
territorio nacional. Las tareas de estabilización que son mecanismos para la
construcción de la paz se deben orientar, en primera instancia, a fortalecer la
seguridad, garantizar una justicia efectiva y eficaz, incrementar el bienestar
social mediante el desarrollo económico del país con una infraestructura
moderna y un fortalecimiento institucional.
Juan
Manuel Galán
Tomado
de: https://www.msn.com/es-co/noticias/other/fuerza-p%C3%BAblica-desmoralizada-desfinanciada-y-paralizada/ar-AA1re1cy?cvid=8e50a52eb7634ebd9f1b7997dfb8b75f&ei=42
NOTA:
Recuperar
la movilidad helitransportada del Ejército va a requerir un esfuerzo sostenido
de varios años
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