Amante de los perros, practica el
judo, lleva más de 20 años en el poder y es ‘un monstruo’.
A Vladimir Vladimirovich Putin se le
puede describir como a cualquier persona. Nació el 7 de octubre de 1952 en
Leningrado, hoy San Petersburgo (Rusia). Este año cumple 70. Hijo de Vladimir y
Maria Putin. Mide 1,70 metros y pesa 80 kilos. Es cristiano ortodoxo, tiene dos
hijas, es divorciado y ama los perros y el deporte.
Pero Putin no es cualquier persona.
Ha sido nombrado en repetidas ocasiones como el hombre más poderoso del mundo
por la revista Times. Fue agente de la KGB. Ostenta el poder, desde hace más de
20 años, del país más grande del mundo. Logró el apoyo mayoritario de los rusos
para alterar la Constitución y continuar en el poder más allá de 2024, cuando
terminaría su periodo presidencial. E, incluso, podría hacerse reelegir hasta
el 2036, lo que lo convertiría en uno de los dirigentes que más tiempo ha
estado en el poder de Rusia y superaría al dictador Stalin, que duró 29 años.
Es, además, la cabeza de una de las mayores potencias nucleares. Rusia cuenta
con 5.977 ojivas nucleares. Y en este momento es el hombre que con pulso de
acero tiene temblando a las potencias occidentales y en general al mundo
después de atacar a Ucrania.
Los analistas internacionales tienen
varias hipótesis sobre por qué Rusia lanzó esta ofensiva, pero una pregunta que
surge es cómo funciona el proceso de toma de decisiones de ese país: si son
decisiones colegiadas o individuales. Hay quienes aseguran que Putin consulta
solo a media docena de personas, un pequeño comité de allegados, sobre todo
‘halcones’ salidos —como él— de los servicios de seguridad. Lo que sí se sabe
con certeza es que la decisión, bien sea consultada o no, al final, siempre
termina siendo la de un solo hombre: Vladimir Putin.
Ben Noble, profesor asociado de
Política Rusa en el University College London, le explicó a EL TIEMPO que
algunos expertos han ido tan lejos como para cuestionar su racionalidad o,
incluso, su cordura. Sin embargo, Noble no está seguro de que sea tan útil
considerar a Putin como un loco, pero “ha demostrado claramente que está
preparado para incurrir en costos que muchos consideraban simplemente imposibles”,
dice.
Usar el miedo
Harald Malmgren, exconsejero de
varios presidentes norteamericanos, publicó recientemente una columna en
UnHeard en la que recuerda la primera vez que conoció a Putin. Cuenta que en
una cena que tuvieron en 1992, cuando apenas Putin ascendía políticamente,
tuvieron la oportunidad de conversar.
En ese encuentro, Putin le dijo: “En
Rusia, si una disputa se trata de dinero o propiedad muy importante, entonces
las dos partes normalmente enviarán representantes a una cena. Todos los
asistentes a la llegada estarían armados. Ante la posibilidad de un resultado
sangriento y fatal, ambas partes siempre encontrarán una solución mutuamente
aceptable. El miedo proporciona el catalizador para el sentido común”. Malmgren
dice: “Comprendí entonces cuál era el rasgo principal de su carácter”.
La impresión que le quedó de Putin,
según concluye en su artículo, fue la de un hombre más inteligente que la
mayoría de los políticos que había conocido en Washington y en otras capitales.
“Putin parecía tener los instintos de un jefe de la mafia siciliana: rápido
para recompensar, pero rápido para plantear un riesgo mortal en caso de
incumplimiento de las reglas familiares”.
Y es que cada paso que da el
presidente ruso confirma que el método que usa en las crisis entre naciones es
el miedo. Cuando no se consigue llegar a un acuerdo en el que él salga
victorioso, la solución la encuentra en casi siempre provocar terror con
respuestas desproporcionadas.
Un ejemplo anecdótico pero
contundente es cuando, en 2007, Putin invitó a Angela Merkel, excanciller de
Alemania, a su fastuosa residencia presidencial de verano de Sochi, en las
montañas nevadas del Cáucaso y el mar Negro, para negociar un acuerdo sobre
comercio bilateral. Cuando los fotógrafos y camarógrafos llegaron al lugar para
registrar el encuentro, el presidente ruso hizo entrar a su labrador Koni y
dejó que se acercara a Merkel a olfatearla.
Sin duda, Putin estaba enterado del
terror que sufre Merkel frente a los perros. En los registros fotográficos de
ese momento se observa a la canciller paralizada de miedo frente a una de las
mayores adoraciones del presidente ruso, su labrador. Y también la mirada fría
y calculadora de este hombre. “Siempre ha tenido una imperiosa necesidad de
demostrar quién es el más fuerte”, resumió la canciller después de la
entrevista.
Una vida secreta
Solo una cosa puede ser efectiva: ir
a la ofensiva. Debes golpear primero y golpear tan fuerte que tu oponente no se
ponga de pie”, Putin.
La ironía con Putin es que pese a que
es el hombre más poderoso del mundo y su nombre está en boca de todos, poco se
sabe de él. Agentes de servicios secretos con ayuda de psicólogos se afanan por
lograr perfilar y descubrir las fallas en la compleja personalidad de Putin.
Porque, curiosamente, solo muestra o solo sale a la luz lo que él quiere que se
cuente sobre él.
Putin siempre permanece rodeado de un
grupo nutrido de periodistas, camarógrafos y fotógrafos acreditados por su
régimen, quienes se encargan siempre de exhibir su virilidad. Y cada vez que
puede se muestra con el torso desnudo enfrentando situaciones extremas,
montando a caballo, pescando, portando un fusil, en una potente moto
Harley-Davidson o con sus manos en un bombardero nuclear.
Entre algunos de los entrenamientos
que practica Putin está el judo, quizá su favorito. Desde los 14 años, el
presidente ruso entrena este arte marcial y es frecuente verlo en competiciones
de este deporte y enseñándoles a niños las mejores llaves. Incluso ha publicado
dos libros sobre el tema: Judo: historia, teoría y práctica, y Aprende judo con
Vladimir Putin. Este último se distribuyó en miles de escuelas rusas por medio
de contratos irregulares. Y justo cuando lo estaba promocionando hace unos
cinco años, Putin le dijo a la reportera del The New York Times Celestine
Bohlen: “Solo una cosa puede ser efectiva: ir a la ofensiva.
Debes golpear primero y golpear tan
fuerte que tu oponente no se ponga de pie”. Aunque se refería al judo, sin
duda, su mensaje reflejaba un carácter de su personalidad.
Como señaló Bohlen, en un artículo
sobre cómo Putin antepone la imagen a las palabras, no es difícil leer en su
lenguaje corporal que le gusta mostrar una imagen varonil que además va atada a
su explícito machismo. Como recogió la brillante periodista en el artículo
publicado en el 2014, cuando estaba ocurriendo la toma de la península de
Crimea, y dos periodistas franceses le preguntaron qué pensaba de los
comentarios de Hillary Clinton en los que comparaba ese ataque por parte de
Rusia con la agresión de Hitler en la década de 1930, Putin se burló y dijo:
“Es mejor no discutir con las mujeres”, y agregó: “Cuando las personas empujan
los límites demasiado lejos, no es porque sean fuertes, sino porque son
débiles. Pero tal vez la debilidad no sea la peor cualidad para una mujer”.
Actualmente, en Rusia muere asesinada una mujer cada 40 minutos y se estima que
anualmente entre 12.000 y 14.000 mujeres son asesinadas por sus parejas o
familiares.
Los comportamientos de macho alfa son
un auténtico problema pues, como señalan analistas, pareciera como si él
intentara convencer todo el tiempo a los demás de que él es el más fuerte. El
politólogo Stanislav Belkovski, fundador y director del Instituto Nacional de
Estrategia, afirma en su libro Putin que la clave para comprenderlo sería la
ausencia de amor familiar en su infancia.
El actual presidente habría pasado
toda su vida buscando una familia de sustitución, luego de que fuera enviado
por sus padres biológicos con una pareja de San Petersburgo, quienes se
convirtieron en sus padres oficiales. Los traumas infantiles serían tan
profundos que, con los años, Putin se transformó en un solitario que solo se
siente cómodo en compañía de los animales.
“Los únicos amigos de Vladimir Putin
son su labrador Koni y el ovejero búlgaro Buffy”, anota Belkovski. Pero ¿cómo
siendo un hombre tan solitario, con fama de paria hasta los 13 años, se
convirtió de repente en un estudiante modelo, en un experto de judo y con 16
años se enroló en la KGB? Y ¿cómo, luego, en el hombre más poderoso del mundo?
En el Hombre sin rostro’, la autora
Masha Gessen asegura que la fuerza de Putin se basa en el control de los
medios, en la combinación de respeto y miedo que infunde, en su influencia
todopoderosa sobre los principales empresarios tras la persecución de los que
se le han resistido, en el apoyo firme a su candidatura de las Fuerzas de
Seguridad y del complejo militar-industrial, a quienes ha prometido doblar el
presupuesto, y en una mejora sustancial de la economía. En vender la idea de
“hacer a Rusia grande de nuevo”.
Gessen, reconocida periodista
rusoestadounidense, perfila a Putin en su libro como un monstruo obsesionado
por el control, cruel hasta extremos insospechados, cínico, corrupto, nihilista
y vengativo, un mafioso empeñado en la recuperación de la gloria soviética, y
enfermo de pleonexia: “El deseo insaciable de hacerse con lo que, por derecho,
pertenece a otros”.
¿Un nuevo zar?
Para muchos se trata de un fanático
expansionista, empecinado en crear un espacio de dominación rusa. Para otros,
es un aislacionista preocupado por proteger la identidad de su país. Los
empáticos culpan a los occidentales. Putin, el belicoso, sería el producto de
un país “humillado” por Estados Unidos y Europa después del fin de la Guerra
Fría. Incapaces de comprender un sentimiento nacional pisoteado, nunca midieron
la amplitud del traumatismo provocado por la desaparición de la Unión
Soviética. Para ellos, más que un realista, Putin sería un gran
sentimentalista: “El que no lamenta la desaparición de la URSS no tiene
corazón. Aquel que desea su restauración no tiene cabeza”, suele decir.
Putin ha sido llamado zar muchas
veces, por muchas personas y desde hace mucho tiempo. Sin embargo, Ben Noble no
usa el término ya que no está muy seguro de lo que agrega. “Putin es el líder
de un régimen autoritario personalista. Es un dictador, aunque uno que no dicta
todas las decisiones importantes, particularmente aquellas que son de menor
interés para él y en las que actúa como árbitro entre grupos de élite en
competencia”.
Sin embargo, es interesante notar que
el gobierno del último zar de Rusia, el zar Nicolás II, se deshizo por la
participación del imperio ruso en la Primera Guerra Mundial. “Si Putin está
poniendo en peligro su propio gobierno al lanzar esta guerra en Ucrania,
entonces, tal vez, ese sea un paralelo histórico que podría hacer que el uso
del término ‘zar’ sea más apropiado”, dice Noble.
En cuanto a cómo se ve Putin a sí
mismo, Malmgren cuenta que el presidente ruso mencionó varias veces su
admiración por Pedro el Grande, tanto que estaba convencido de que se ve a sí
mismo como su encarnación.
“Es difícil escapar a la conclusión
de que Putin se considera a sí mismo personalmente, inextricablemente
entrelazado con el destino del Estado ruso. Le preocupa su legado y su noción
de la esencia del Estado ruso como gran potencia. Y, sin embargo, una acción
(la guerra contra Ucrania) destinada a consolidar su posición en la historia
podría, de hecho, socavar su legado”, asegura Noble.
Y concluye: “Putin podría pasar a la
historia, en parte, como el hombre que dijo que no invadiría Ucrania, pero
luego lo hizo”.
Tomado de: https://www.msn.com/es-co/noticias/otras/perfil-vladimir-putin-el-exagente-de-la-kgb-que-tiene-temblando-al-mundo/ar-AAUmfj3?ocid=msedgntp
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