Germán
Vargas Lleras
Un
despropósito: acabar con las EPS será el plan de la ministra de Salud Carolina
Corcho.
Arrancó
en firme esta semana lo que para muchos constituye la crónica de una muerte
anunciada del sistema de prestación de servicios de salud en el país. Su
protagonista, la ministra Carolina Corcho, activista y tuitera profesional; los
actores de reparto, el cuestionado superintendente de Salud, Ulahy Beltrán, y
el director de la Adres.
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del mapa a las EPS es la consigna: desfinanciarlas, desprestigiarlas y quebrarlas.
El desfinanciamiento ya comenzó con la triste e inédita intervención de la
ministra en el Congreso, donde abogó por una disminución del presupuesto para
su sector. Jamás había ocurrido en Colombia tal despropósito, cuando está claro
que incluso lo solicitado originalmente sería insuficiente para cubrir el
incremento estimado de la unidad de pago por capitación, o sea, el dinero que
el Estado destina para la atención de cada afiliado.
Por
este camino las EPS recibirán menos recursos, se agravarán los problemas de
cartera y, por supuesto, se afectará a los usuarios y al personal médico.
Coinciden los expertos en afirmar que una consecuencia será el incremento de
las llamadas barreras de acceso, con especial afectación de los afiliados al
régimen subsidiado.
Una
explicación, y dudo que exista otra, es que reducir el presupuesto del sector
puede tener como objetivo deseado deteriorar los niveles de acceso, atención y
servicio. Ello obligaría a poner los reflectores sobre las EPS y el sistema en
general para erosionar las bases de su legitimidad, existencia y operación. Qué
maquiavélica nos resultó la ministra Corcho. Ya conocíamos su animadversión
enfermiza con el sistema creado por la Ley 100. La vimos actuar, o más bien
fracasar, con estas mismas ideas en Bogotá y, claro, también en la campaña
presidencial, donde no ocultó para nada sus intenciones de hacer trizas el
sistema de salud existente.
¿Será
porque el sistema funciona tan mal? No parece, según estudios y estándares
internacionales en los que, por el contrario, se destaca como uno de los más
eficaces por su cubrimiento, calidad y contención de costos. ¿Que puede
mejorar? Por supuesto que sí. De eso se trataba la iniciativa que presentamos
el año pasado, liderada por el exministro Ruiz, que nunca la defendió siendo su
autor, y que de haberse aprobado no estaríamos en estas. En todo caso, hay que
reconocer que en estos 30 años todo ha ido mejorando, y mucho.
Pero,
según la ministra, a las EPS hay que culparlas de todo. Que son unos meros
intermediarios, que encarecen los servicios, que sobran, cuando en realidad son
las entidades que gestionan la totalidad del riesgo en salud. Desde la
prevención hasta la paliación, son las que articulan todos los servicios para
garantizar el acceso y la calidad y, muy importante, el control del gasto.
Ahora resulta que el Gobierno quiere reemplazarlas por un sistema que aún no
han revelado, pero que ha trascendido se pondrá en manos estatales y apoyado en
entes regionales.
Eso
ya lo vivimos con el antiguo y tristemente recordado Seguro Social. Corrupción,
politiquería, quiebra y pésima atención. Buen ejemplo es el de Cundinamarca,
les autorizan capitalizar a Convida en 40.000 millones y a los 20 días los
intervienen y liquidan. Francamente un atraco. No hay que ser un adivino para
ver a dónde vamos a parar por este camino.
Pero
el Gobierno está actuando como si la pretendida reforma ya hubiera sido
aprobada, sin haberla presentado. Todo en el Ministerio, desde la planeación, ya
se está orientando hacia este modelo estatal territorializado. Quizás estén
apostando a que no se requiera reforma de la ley, pues el sistema colapsará
pronto y podrán actuar con medidas de emergencia. Se rumora, por ejemplo, la
modificación del decreto 441 de 2022 para cambiar los mecanismos de
contratación de la red. Esto por sí solo sería una bomba. Es solo ver la
robadera en un programa elemental como el PAE, de alimentación escolar,
administrado por los entes territoriales.
Hay
que generar una crisis explícita del sector, afirma la ministra. Por esta sola
afirmación debería responder disciplinaria y fiscalmente, y con las primeras
fallas de los servicios de salud, convertidas en ciudadanos fallecidos, también
en lo penal. Es lo que pasa cuando se le quiere meter ideología a todo. Basta
de revanchismos y odios represados. La campaña ya terminó, señora ministra.
Tomado de: https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/german-vargas-lleras/columna-de-german-vargas-lleras-la-consigna-704978
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