Es hora de que como país comencemos a tomarnos el cambio climático en serio.
La
humanidad anda metida en un lío. No digo nada nuevo con esto. El cambio
climático es una realidad y las consecuencias de la irresponsabilidad humana
son bien visibles en distintos puntos del planeta. Los científicos señalan que
hemos entrado en una carrera contrarreloj para salvarnos de la extinción. No
soy experto para contradecir o corroborar esta afirmación, pero todos los indicios
apuntan a que las cosas no van nada bien.
De
hecho, las narrativas empresariales y gubernamentales cada vez hablan más de la
sostenibilidad y del cuidado del medioambiente. A su vez, la presión ciudadana
para que las grandes corporaciones y los gobiernos hagan lo que esté en sus
manos para enfrentarnos a la crisis climática es cada vez más fuerte. En
Colombia, sin ir más lejos, más de 11 millones de personas votaron en las
pasadas elecciones por la opción más verde que había sobre el tablero.
El
Grupo Bancolombia, uno de los conglomerados más importantes de América Latina,
ha sido categórico en que su nueva visión prioriza más el bienestar de la
sociedad que el de sus propias utilidades, y se ha empeñado en facilitar la
descarbonización del país. Bavaria, EPM, ISA y El Cerrejón son otras
corporaciones que vienen desarrollando programas críticos para el cuidado de la
biodiversidad colombiana.
Por
su parte, el gobierno de Gustavo Petro puso a todo el país a conversar sobre
temas verdes de los que antes apenas unas pocas personas hablaban o conocían.
Si bien los debates de transición energética, por poner un ejemplo, no son
nuevos, estos se limitaban a círculos muy pequeños. Hoy todos tenemos este tema
en mente.
Pero dentro de este discurso, hay algo que no puede soslayarse, y es que la
supervivencia humana pasa por la tecnología y el uso que le demos a esta. La
tecnología ha sido fundamental para garantizar el crecimiento de la humanidad,
pero ahora debe servirnos para ponerle freno a la amenaza climática que
nosotros mismos hemos provocado. Pero la tecnología por sí sola no obrará
milagros.
Si no existe una política de Estado medioambiental que trascienda a los
gobiernos de turno, si las empresas no se meten de lleno en este debate, e
invierten en la más que necesaria transición, y si los ciudadanos no aportan su
grano de arena, por más tecnología que haya, todo esfuerzo será fútil.
Recientemente,
la revista británica ‘The Economist’ publicó un especial sobre transición
energética en el que destaca las crecientes apuestas de generación de energía
solar y eólica, algo en lo que Colombia, a través de empresas como Celsia, se
hace cada vez más. “Ha habido momentos en los que Dinamarca ha llegado a
alimentar de electricidad a todos los habitantes de su país solo con energía
eólica. El 3 de abril, a las 3:39 de la noche, más del 97 por ciento de los
californianos recibieron su electricidad de energía solar y eólica”.
¿Cómo
se logró esto? Porque hubo voluntad política; porque las empresas remaron hacia
el mismo lado y porque durante muchos años se fue socializando con el ciudadano
una pedagogía de sostenibilidad desde las pequeñas acciones en la casa.
En
Colombia, cada uno va por su lado. Los esfuerzos parecieran ser aislados. El
Gobierno dispara teorías e intenciones, pero poca voluntad se le ve de trabajar
de la mano con quienes pueden implementar sus políticas. La ciudadanía divaga,
parecería como que la cosa no va con ella. Y mientras, el reloj sigue andando.
Es
hora de que como país comencemos a tomarnos el cambio climático en serio, que
despoliticemos el discurso, y encontremos la forma adecuada de enfrentar la
amenaza de forma conjunta, haciendo uso de las herramientas que tenemos a
nuestro alcance y tomemos conciencia de cada acción que podemos implementar
desde nuestras casas. La tecnología, bien manejada, hará el resto.
DIEGO SANTOS
Analista digital
Tomado
de: https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/diego-santos/columna-de-diego-santos-tecnologia-para-combatir-el-cambio-climatico-699860
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