Por: Nancy Patricia Gutiérrez
Ningún derecho justifica ver
en llamas a la catedral Primada de Bogotá.
La escena de unas mujeres no
identificadas por estar encapuchadas, que prendieron candela a la Catedral
Primada (templo sagrado para los católicos, patrimonio histórico y cultural de
Colombia), con la justificación de la conmemoración del Día por la Despenalización
y Legalización del Aborto, constituyó un acto de violencia política contra la
libertad de religión y de cultos.
El 20 de marzo de este mismo
año un colectivo liderado por una mujer a la que los medios de comunicación
identificaron como alias ‘Simona’, miembro de la primera línea, irrumpió la
solemnidad de una misa en la misma Catedral, escondida en una capucha y
amparada en el derecho a protestar. Actos que violentaron e intimidaron al sacerdote
y a los feligreses que participaban de la ceremonia.
La noticia se divulgó
ampliamente, muchos católicos se sintieron indignados. Aun así, varios
sacerdotes y algunas personas desde la buena fe consideraron que a los
violentos no había que judicializarlos, ni señalarlos, sino perdonarlos de
entrada, aun cuando no se les hubiese hecho entender que sus convicciones y
derechos no están por encima de los demás.
Aunque tratándose de mujeres,
nos asisten razones para buscar la igualdad frente a los hombres en
oportunidades, en acceso a posiciones de poder, en equidad en escala salarial,
en reconocimiento del trabajo doméstico y de crianza de los hijos, en la lucha
contra la violencia intrafamiliar, en acabar las costumbres patriarcales que
nos minimizan, en condenar el feminicidio, sin embargo, no hay justificación
para el uso de la violencia, ni la vulneración de los derechos de otros.
Según lo previsto en el Código
Penal, los hechos mencionados tipificaron los delitos de: violación a la
libertad religiosa (art. 201) e impedimento y perturbación de ceremonia
religiosa (art. 202), a pesar de lo cual hasta la fecha no se sabe si los responsables
fueron judicializados y sancionados con las penas correspondientes.
Llegamos al extremo del cruce
de la línea roja porque ningún derecho justifica ver en llamas la catedral
Primada de Bogotá. Las zonas grises que se crearon a la sombra del discurso de
la defensa de los derechos, de la inequidad, de la ineficacia del Estado para
satisfacer las necesidades de todas las personas en medio de las diferencias,
no debe seguir justificando la violencia y la combinación de todas las formas
de lucha, que no se sabe a quiénes satisface, si a grupos ideológicos,
colectivos extremistas, pirómanos o a violentos que arrinconan y paralizan a la
Policía, que acaban con el honor de los militares, que solo condenan la
violación de los derechos humanos según su conveniencia, que truncan los sueños
de niños y niñas reclutados por ilegales y que, además, se aprovechan de
jóvenes despistados que llenos de ilusiones de cambiar al mundo, sucumben a
liderazgos negativos.
El desafío actual para la
sociedad es consolidar unas mayorías que se impongan dentro del debate, de la
democracia expresada en las calles en ejercicio del derecho a la protesta (sin
violencia), que busque que la ciudadanía esté informada y se empodere de la
defensa de las libertades ganadas dentro del Estado de derecho y de la mano de
liderazgos que exijan aplicación de justicia como requisito para la paz y de
una defensa acérrima de la democracia.
Tomado de: https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/nancy-patricia-gutierrez/columna-de-nancy-patricia-gutierrez-el-cruce-de-la-linea-roja-706891
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