martes, 4 de octubre de 2022

Vientos de recesión

Crecen los temores de un inevitable deterioro de la economía global, que impactaría a Colombia.

La Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo –Unctad– publicó ayer su informe anual, en el que prevé un crecimiento de la economía global de un 2,5 por ciento en este año y de 2,2 por ciento en 2023. Para esta entidad de la ONU, el mundo “caerá en una recesión global y estancamiento prolongado”, a menos que los países industrializados cambien el curso de su endurecimiento en el manejo de las tasas de interés.

Estas perspectivas sombrías sobre el desempeño económico global se sintonizan con los pronósticos de distintas organizaciones multilaterales y centros de investigación. El Banco Mundial, por ejemplo, estima un aumento del PIB mundial en 2022 del 2,9 por ciento y de 2,4 por ciento para 2023. La región latinoamericana tampoco se salva de esta reducción en el ritmo de la reactivación pospandemia: la ONU pronostica 2,6 por ciento para este año y 1,1 por ciento para el próximo.

En el transcurso de 2022, este deterioro de las condiciones económicas mundiales ha venido recrudeciéndose. A las consecuencias de la crisis del covid-19 sobre las cadenas globales de suministro se sumaron las imparables presiones inflacionarias en todo el planeta y los efectos nocivos de la guerra rusa en Ucrania. Según la Ocde, la invasión de Putin a territorio ucraniano se traducirá a final del 2023 en un costo de más de 2,8 billones de dólares de producto económico perdido.

Las alertas sobre el malestar en las economías –ricas y emergentes– pululan por doquier. Estados Unidos –la principal economía del mundo– oficializó su entrada a la recesión técnica con la contracción de 0,1 por ciento de su PIB en el segundo trimestre de este año. En septiembre, las economías europeas registraron una ralentización de sus actividades productivas, mientras que el dólar gana fortaleza incluso ante divisas como el euro y la libra esterlina.

El Reino Unido, por su parte, junto con otros países de la eurozona registran tasas de inflación históricamente altas, que se combinan con inmensos retos en el suministro energético, como efecto del conflicto bélico en Ucrania. Los disparados precios de los combustibles y de materias primas energéticas –hoy ya bajando por la caída del consumo– se conjugan con escasez y elevados costos de productos agrícolas básicos, insumos agropecuarios y fertilizantes para producir comida. Todos estos factores han empujado a la mayoría de bancos centrales del mundo a subir las tasas de interés para frenar la galopante inflación, con los consecuentes efectos sobre la dinámica de recuperación del ritmo del crecimiento de las economías.

Colombia no es ajena a estas tendencias globales. Si bien la economía nacional está mejorando sus estimaciones de aumento del PIB para 2022 –por ejemplo, el Banco de la República subió a 7,8 por ciento para final de este año–, las perspectivas del Emisor para 2023 reflejan un duro freno: apenas un 0,7 por ciento. El manejo de la política económica del Gobierno Nacional debe incorporar este enrarecimiento del entorno internacional en sus decisiones, en especial con miras a un preocupante 2023. Proteger las fuentes del crecimiento se convierte en una tarea crucial.

EDITORIAL

editorial@eltiempo.com

Tomado de: https://www.eltiempo.com/opinion/editorial/vientos-de-recesion-editorial-el-tiempo-707131

No hay comentarios:

Publicar un comentario