El presidente Gustavo Petro está
poniendo en marcha un peligroso plan que afectaría el manejo de las agencias de
inteligencia y contrainteligencia del Estado. La administración tiene listo un
borrador de decreto impulsado por Carlos Ramón González, cuyo objeto es
convertir a la Dirección Nacional de Inteligencia, DNI, en un ente
centralizado, unificador y responsable de todo el sector de inteligencia
nacional.
El documento, obtenido en exclusiva por esta columna, tiene el
visto bueno de la mayor parte de los miembros del alto gobierno y ya está en
etapa de revisión jurídica. Busca que todas las agencias de este sector se
consoliden debajo de la misma estructura y le reporten a la DNI, con lo cual
todos los agentes que trabajan en actividades de inteligencia y
contrainteligencia estarían en la obligación de suministrar cualquier
información que el director de esa entidad requiera. Más peligroso que tiroteo
de agentes secretos en un ascensor.
Como dice literalmente el decreto, todo esto “para la toma de
decisiones por parte del presidente de la república y del alto gobierno. A
consideración del señor presidente de la república, los requerimientos que de
él emanen podrán ser verbales o escritos”.
Vamos por partes, en todas
repitiendo muchas veces la expresión inteligencia, sin que eso haga del
propósito del gobierno, algo cercano a la definición de esa palabra. Más bien
todo lo contrario.
La ley estatutaria 1621 del 2013
establece los límites y fines de las actividades de inteligencia y
contrainteligencia, los principios que las rigen, los mecanismos de control y
supervisión, la protección de los agentes, la coordinación y cooperación entre
los organismos y su debida separación y compartimentalización.
La norma establece que hacen parte
de la asamblea de inteligencia conjunta, cada una de las fuerzas militares que
posee un departamento de inteligencia con un objetivo definido y una misión
clara. Por eso mismo, cada una de esas áreas de inteligencia, la del Ejército,
la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía, tienen acuerdos de cooperación con
diferentes entidades de inteligencia internacional para apoyar su deber
misional. Pero más importante aún, cada departamento de inteligencia posee una
doctrina y es ajustada a la misionalidad y manejo de reserva de sus propias
fuentes.
Por ejemplo, la Dirección de
Inteligencia Policial, Dipol, tiene como misión hacer recolección de
información con su tratamiento y cuidadoso análisis, con el fin de generar
inteligencia estratégica y operacional, para anticipar y prevenir amenazas y
desafíos que atenten contra la convivencia y seguridad ciudadana, las personas
o el Estado.
Es importante recordar que la Dipol
es una de las entidades más acreditadas, no solo a nivel nacional sino también
internacionalmente. Su papel ha sido la clave del éxito en la mayoría de las
operaciones militares de grandes objetivos de la lucha contra el narcotráfico,
el terrorismo, los paramilitares y la guerrilla en los últimos 20 años. Es una
entidad prestigiosa mundialmente en materia de inteligencia.
Por eso volvamos al decreto que
quiere poner a esa entidad, las del Ejército, Armada, y Fuerza Aérea bajo la
estructura de la DNI. Esto con el fin de asegurar que sus agentes suministren
la información que esa dirección y Presidencia requieran en cualquier momento.
Tan peligroso, como contrainteligente.
Esta columna habló de manera
reservada con altos funcionarios de esas agencias de inteligencia, sobre el
contenido del borrador. Todas, absolutamente todas las fuentes contactadas
establecieron que sería un error poner a funcionar ese mecanismo descrito en el
decreto y que, de hacerlo, acabarían ganando las estructuras delincuenciales,
puesto que se terminaría con partes fundamentales de la inteligencia, como la
segregación y la compartimentalización.
Para las fuentes consultadas, la
fusión o reporte debajo del DNI haría perder tareas específicas y objetivos
operacionales, ya que la especialización del trabajo de cada agencia organiza
metas y resultados determinantes.
Uno de los agentes fue más
categórico y dijo que los trabajos de inteligencia “tienen que ser liderados,
manejados y administrados por conocedores especialistas de ese campo. Por
personas que sepan de ciclos y procesos de inteligencia y de ese manejo en la
cultura organizacional. Las personas que hacen eso en las diferentes agencias,
tienen carreras construidas y dedicadas a eso por décadas, mientras que los
gobiernos ponen y quitan a funcionarios en esos cargos, y muchos de ellos no
saben de esto, o lo manejan mal, o pueden terminar haciendo cosas ilegales y
eso genera perjuicios para las operaciones militares y de policía. Hacer lo que
dice el decreto acabaría con la inteligencia”.
Algunas de las fuentes consultadas
coincidieron en que el señor Carlos Ramón González, director de la DNI, no es
una persona especialista o conocedora del sector o del trabajo de inteligencia.
González es un aliado del presidente Petro desde los días en la insurgencia en
el M-19, y asumió el pasado 23 de febrero el liderazgo del organismo, sin que
se conozca claramente cuál es su conocimiento sobre este sector o el faro
misional de la DNI en su administración. Peor, ahora quiere manejar toda la
inteligencia de Colombia por medio de ese decreto. Una situación en la que la
inteligencia no es sinónimo de conocimiento y menos de sabiduría.
Pero vamos más atrás. En su
discurso de posesión en la plaza de Bolívar de Bogotá, donde el presidente
Petro dio a conocer el decálogo de compromisos que iba a desarrollar en el
gobierno, en su séptimo punto dijo: “desde hoy, los cuerpos de inteligencia del
Estado no perseguirán la oposición política, ni la prensa libre, ni el poder
judicial, ni el que piensa ni la que piensa diferente; hoy el principal
objetivo de los cuerpos de la inteligencia del Estado es ubicar y combatir la
corrupción”.
Estableció que para eso lo haría
“con mano firme y sin miramientos. Un gobierno de ‘cero tolerancias’. Vamos a
recuperar lo que se robaron, vigilar para que no se vuelva a hacer y
transformar el sistema para desincentivar este tipo de prácticas. Ni familia,
ni amigos, ni compañeros, ni colaboradores. Nadie queda excluido del peso de la
ley, del compromiso contra la corrupción y de mi determinación para luchar
contra ella”. Envejeció mal ese punto siete casi dos años después, en especial
con todo lo que estamos conociendo ahora del escándalo de la Unidad de Riesgo,
que incluso puede llegar a involucrar al señor González.
Por eso vamos más al contexto.
Recordemos que la DNI fue creada en el año 2011 con la desaparición y
liquidación del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, por los crímenes
que se cometieron en el gobierno del expresidente Álvaro Uribe, que iban desde
interceptaciones, seguimientos, torturas, espionaje y montajes judiciales.
En el marco de ese escándalo han
sido condenados cerca de 30 funcionarios, entre los que se encuentran el
exsecretario general de la presidencia, Bernardo Moreno, que era la persona que
transmitía las órdenes a la dirección del DAS. Estos, a su vez, transmitían a
los subdirectores de inteligencia, quienes ordenaban las operaciones.
Dos exdirectores del DAS y 24
funcionarios, entre directores de inteligencia y subdirectores de operaciones,
han reconocido su actividad criminal exhortados por la presidencia de ese
momento para perseguir a opositores, defensores de derechos humanos, sindicalistas,
periodistas y magistrados.
Es importante señalar que se
trataba de todo un andamiaje que, desde la oficina de presidencia y por medio
de su brazo de inteligencia, el DAS, realizó campañas de desprestigio, todo
apoyado con un trabajo de inteligencia financiera. Las cuentas, productos y
trámites que tenían las personas objetivo, eran espiados a través de la Unidad
de Información y Análisis Financiero, Uiaf.
La última condena que se conoce por
estos hechos escabrosos de abuso del aparato de inteligencia durante el
gobierno de Uribe, fue el pasado 30 de abril al exsubdirector del DAS, Emiro
Rojas Granados, y al exagente Néstor Javier Pachón Bermúdez, por seguimientos y
hostigamientos ilegales, que se configuraron en tortura agravada, a la
periodista Claudia Julieta Duque Orrego.
Sin despeinarse, ahora el gobierno
del presidente Petro, una de las víctimas de esa dinámica y uno de sus grandes
críticos, propone una estructura con este decreto, en la que los organismos de
inteligencia de Policía, Ejército, Armada y Fuerza Aérea deberán suministrar
toda la información que la DNI requiera. Esto fácilmente podría deformarse en
la pesadilla de espionaje vivida durante los gobiernos del expresidente Uribe.
Como dicen por ahí, todos los
extremos se terminan pareciendo. Tan es así que la última vez que el país
escuchó una idea de unificar todas las inteligencias, fue cuando el empresario
antioqueño Pedro Juan Moreno propuso estructurar el Centro Nacional de Inteligencia,
Cenit, que sería el organismo que centralizaría todas las informaciones de
seguridad nacional y que dependería en forma exclusiva de la oficina
presidencial.
Moreno Villa, en un momento la
persona más cercana a Uribe y posteriormente un acérrimo enemigo, pensaba que
Colombia necesitaba “centralizar en un solo sitio y bajo una cabeza la
inteligencia que hacían las diferentes fuerzas”. ¿Suena familiar? Para fortalecer
su propuesta al presidente Uribe, Moreno sugirió el nombre de José Miguel
Narváez como director de Cenit, quien hoy se encuentra preso por varios delitos
cometidos cuando fue el dirigente del G-3 del DAS, entre ellos espionaje,
homicidio agravado y concierto para delinquir.
No es una buena referencia
histórica. Y el tema de la mala utilización de la inteligencia es preocupante,
no solo en Colombia. El gobierno de Estados Unidos ha pedido a las autoridades
nacionales, de manera reiterada, y con el fin de determinar la continuidad del
apoyo financiero al país, informes de todos los abusos de las agencias de
inteligencia y de los escándalos de las chuzadas que ha habido en los últimos
años.
Una carta obtenida por esta
columna, enviada el 19 de enero de 2021, al entonces coordinador de la Fiscalía
delegada ante la Corte Suprema, Gabriel Ramón Jaimes Durán, con el asunto:
“Urgente. Solicitud de Información sobre investigaciones por vigilancia
ilegal”, demuestra la gravedad de esta preocupación.
Según este documento, el Ministerio
de Relaciones Exteriores envió una solicitud, mediante la cual se hizo alusión
a que, en el marco de la “ley de asignaciones para operaciones en el
extranjero, financiamiento de exportaciones y programas relacionados” de los
Estados Unidos, se había requerido al secretario de Estado de ese país
presentar un reporte ante el Comité de Apropiaciones de su Congreso sobre el
tema en Colombia.
El informe para el legislativo
estadounidense tenía que mostrar las acciones del gobierno colombiano con el
fin de investigar la vigilancia ilegal de periodistas, sociedad civil,
políticos de la oposición, y miembros de la rama judicial por parte de las
agencias de inteligencia colombianas desde el inicio del Plan Colombia, y para
llevar a comparecer ante la justicia a los responsables de ordenar, ejecutar y
encubrir tales crímenes.
Todas estas situaciones, muy
graves, se dieron por el desmedido poder que la presidencia de Uribe tuvo en un
momento sobre sus servicios de inteligencia. Y que ahora el gobierno de Petro
quiere repetir.
Ya probamos que ese decreto no es
recomendable, ni operacional, ni conceptualmente puesto que afecta las
importantes estrategias de las entidades de ese sector. También vimos que nos
puede devolver a momentos muy oscuros de la historia colombiana, dominados por
el espionaje y un manejo equivocado e ilegal de la inteligencia del país. No
queda nada diferente a expresar que es muy peligroso que el gobierno del
presidente Petro continúe con ese borrador de decreto. De conseguir lo que
busca, haría que los servicios de inteligencia sean todo lo contrario.
@yohirakerman;
akermancolumnista@gmail.com
Tomado de: https://cambiocolombia.com/puntos-de-vista/el-decreto-para-unificar-los-servicios-de-inteligencia
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